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12
03
2020

Nina: «Un día apagué la tele, la regalé y nunca más… no me interesa»

ENTREVISTA DEL PERIÓDICO “EL MUNDO” EL 14 de FEBRERO (Letícia Blanco) – fotografia de Antonio Moreno

Nina es Anna Maria Agustí Flores (Barcelona, 1966), cantante, actriz y dueña de una escuela de voz que también es un centro de pilates. La primera directora de la academia de Operación Triunfo ha vuelto este año al programa, esta vez como jurado.

¿Qué tal su regreso a OT?

Los primeros días muy emocionantes. Ahora que ya llevamos varios programas ha empezado la cruda realidad que me temía: es muy difícil hacer de jurado.

¿Se lo pensó mucho antes de aceptar?

No porque amo el formato, es un escaparate muy potente en un panorama televisivo donde la música brilla por su ausencia. Es una oportunidad de oro para los chicos. Lo que más me preocupa es qué vamos a hacer con tanto talento porque no sé si el país está a la altura. El público sí, es fiel y será su verdadero árbitro. A mis alumnos a la mínima les digo que se marchen fuera. Aquí no hay nada que hacer. Les pasa a los enfermeros también.

¿Le afecta volver a estar tan expuesta?

Tengo 53 años y a los 21, en el Un, dos, tres, me veían por televisión 23 millones de personas. Aquello sí que me llevó un par de años gestionarlo. Este trabajo es como el Dragon Kahn: hoy estás arriba, mañana abajo. Tienes la sensación de haber resucitado sin haber muerto. Tengo una vida paralela que se complementa con la artística: dirijo una escuela, doy clases en la universidad, soy estudiante…

¿Qué estudia?

Estoy haciendo un máster en Investigación Clínica. De hecho, el día de la rueda de prensa del programa no dejé plantados a los medios, tal y como se publicó: ¡me tuve que ir corriendo porque tenía un examen! Tengo otra vida que no está en la tele. A mi todo en la vida me lleva a la voz, pero por otros derroteros que no tienen nada que ver con el postureo ni con lo mediático. Estoy en otra liga.

¿Qué pasó en 2004 para que abandonara OT?

Mainat me vino a buscar para hacer Mamma Mia! y coincidió con que el programa saltó a Telecinco. En principo me iba seis meses a Madrid y terminé haciendo Mamma Mia! nueve años.

¿Y en 2011?

Me pidieron que volviera y volví, pero fue el último año de OT. Acabó muy mal el programa por cuestiones internas que algún día, si ellos quieren, explicarán.

¿Qué tal lleva los ‘haters’?

No tengo tiempo para eso, estoy al margen. He decidido no mirar nada. En las reuniones a veces comentan polémicas, pero a mí no me importa nada. No me interesa. No me extraña que haya tanto paro en este país. ¿Cómo es posible que la gente esté todo el día enganchada haciendo comentarios? ¿La gente no trabaja? ¿O sólo trabajamos unos cuantos?

Cuando era directora de la academia era dura. Nunca trató a los concursantes como niños pese a que, en el fondo, lo son un poco.

Cuando empecé en OT en 2001 yo tenía 33 años y ya había pasado por muchas experiencias, entre ellas, la sensación de salir a la calle y llevar a 23 millones de personas a tus espaldas. Yo sabía lo que era formarse y actuar delante de las cámaras. La fama de autoritaria o de dura que tengo es simplemente por hacer bien mi trabajo. Estás con 16 personas de 18, 20 años, que tienen ganas de juerga y tienes que hacerles entender que no están ahí para eso. De instinto maternal, poco porque no tengo hijos y nunca lo he tenido. Lo que sí sentí fue una gran empatía: pasar de ser famoso de la noche a la mañana es una adversidad para lo cual es imposible estar preparado psicológicamente.

¿Se reconoce en los concursantes? ¿Usted a lo 18 años era así?

Para nada. No era tan lista ni tenía las cosas tan claras, ya me hubiera gustado. La generación que sube es maravillosa. No tienen complejos. Mezclan estilos, y cantan en castellano, catalán o euskera y no pasa nada. Yo soy de una generación que creció con la dictadura, no pude cantar ni estudiar en mi lengua y eso me marcó. Les envidio. Y son muy maduros.

¿Ve a los concursantes de ahora muy distintos a Bisbal, Chenoa o Bustamante?

Es imposible que no haya diferencias, han pasado 20 años y hemos vivido una revolución digital. Hoy con un clic accedes a todas las músicas que te de la gana y eso cambia la arquitectura de tu cerebro. Los concursantes de hoy cantan de otra manera. En 2001 no sabíamos que OT iba a ser semejante fenómeno social. Esa naturalidad, esa frescura, esa ingenuidad, nunca va a volver.

A todos nos cuesta envejecer, pero cuando el trabajo está tan vinculado con el físico, ¿más?

Todo ser humano, sea famoso o anónimo, pasa por dos duelos, quizá la mujer más: el duelo de hacerse mayor y verse arrugas y el duelo profesional: que tengas 50 años y te digan en tu empresa que ya no te quieren. Los que somos populares tenemos un tercero, y es el duelo mediático. Cuanto antes lo gestiones, mejor.

¿Cómo lo gestionó usted?

Cuando terminé la tercera edición de OT, a los 36, cumplí uno de mis sueños: ser universitaria. Yo empecé a trabajar a los 14 para ayudar en casa, vendiendo zapatos, y a los 16 empecé a cantar. Hice Filología Catalana, luego Logopedia, y hace seis años abrí mi empresa. Todo eso me ha ayudado a llevar mejor los tres duelos. Estoy haciendo de mi vida lo que quiero que sea. Ojalá que todos los que en la vida pasamos por una etapa de fama tuviéramos la oportunidad de reconducirla en la vejez.

Quedó sexta en Eurovisión, ¿qué ha pasado para que nos vaya tan mal últimamente?

No tengo ni idea. Hace mil años que no veo Eurovisión, no me interesa lo más mínimo.

¿Es cierto que no tiene televisión?

Desde 1999. Cuando fui a OT ya no tenía tele. Fue a raíz de un accidente en autobús en el que murieron niños, en Pamplona. Lo estaban dando prácticamente en directo y me sentí fatal, pensé en las madres de esos niños. Apagué la tele, la regalé y nunca más. Me interesa bastante poco.

ENLACE A LA ENTREVISTA ORIGINAL

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